viernes, 20 de julio de 2007

ENSEÑANZA O INSTRUCCIÓN MASONICA

Los recién incorporados (aprendices) a la masonería, tienen tres únicas obligaciones: pagar la cuota mensual, limpiar la sede social -de ambas hablaré en otra ocasión-, y asistir a las sesiones sobre enseñanza masónica.

La primera enseñanza que recibes es que la masonería también se autodenomina francmasonería (albañiles francos o libres). Después aprendí por mí mismo, que su nombre real es el que inscribo en el frontispicio del blog: MASONISMO.

En esas sesiones, es cuando comienza a detectarse el arcaísmo que -conscientemente- mantiene esta organización, (masónica ó francmasónica) y el cúmulo de falacias que componen su enseñanza; también es la primera ocasión -tendrás otras- para evaluar las carencias culturales de la mayoría de los llamados maestros masones o francmasones, que evidencian sus conocimientos, adquiridos -las más de las veces- en conocidas publicaciones periódicas de divulgación, así como en textos "científicos" cuya temática es la alquimia, la cábala, el antiguo Egipto, el hermetismo, el esoterismo medieval, etc., es decir todos ellas "disciplinas que todo masón debe conocer", como algunos de ellos manifiestan cuando tienen ocasión.

Esas "fuentes" de conocimiento, al parecer, les proveen de la ciencia infusa que les permite pontificar sobre cualquier tema, y que no es otra cosa que una metafísica delirante, creada "ad hoc" por y para la masonería, donde todo cabe, pues nada es verificable.

En una de las primeras lecciones a las que asistí, sentí vergüenza ajena, al tener que presenciar los esfuerzos de otro recién ingresado, para hacerle ver al "maestro que nos instruía", sobre lo inaudito de cuanto pretendía "transmitirnos", que era nada menos, el convencernos de las similitudes entre la masonería y la teoría atomista de Demócrito; para lo que nos exponía verdaderos esperpentos intelectuales, carentes de la mínima lógica y por supuesto, de sentido.

Quizás, debido a nuestras numerosas preguntas, a la mayoría de las cuales no pudo contestar, en la siguiente sesión dejó su sitio a otro maestro, quién después de una dilatada presentación personal y de sus títulos masónicos, intentó convencernos de que todo estaba formado por cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua, diciéndonos que era una enseñanza masónica para meditar. ¿ - ?

 
Cuando uno de los asistentes, le aclaró que ésa teoría era del griego Empédocles,  (asumida posteriormente por Aristóteles, quién como todos sabemos enunció multitud de teorías y leyes erróneas, que dominaron durante siglos el pensamiento científico), el maestro estuvo en un tris de negarlo, pero se debió percatar de las expresiones de las cuatro personas que le escuchábamos y se detuvo.
Quizás no hubiera estado de más que ése "maestro masón instructor",  hubiera meditado que,  al seguir anclada la masonería en ésas teorías obsoletas,  evidencia sin lugar a dudas, su propia obsolescencia.

Esta es sólo una de tantas evidencias, de que algo tan simple, y quizás erudito en su época, la masonería lo eleva a la más alta categoría del conocimiento humano. En general, lo que llaman el método masónico, es reduccionista, quizás por que es la única posibilidad de justificar la vigencia de la masonería en nuestros días, algo en lo que están empeñados desesperadamente.

El fin que persiguen con esos -vanos- intentos, es poder seguir afirmando que la francmasonería posee una enseñanza iniciática, en la que todo el conocimiento humano sobre sí mismo está contenido, y que solo puede ser transmitida oralmente por sus maestros.

Con ésa afirmación, ni tan siquiera se plantean, que la enormidad del conocimiento humano actual, sobre cualquier disciplina -humanista o científica-, hace de todo punto imposible, que ningún ser humano pueda poseer todo el conocimiento, ni tan siquiera de su propia disciplina -la que fuere- al completo.
 
En la actualidad, lo que viene ocurriendo, como pude detectar en la instrucción impartida a aprendices ingresados con posterioridad a mí, es que cada maestro "enseña" un mensaje diferente y en muchos casos, contradictorio, repleto de tópicos y ayuno de conceptos que puedan ser argumentados.

Uno de esos aprendices masones, me preguntó en una ocasión, sobre la respuesta que debía ofrecer a su maestro, el cual le había encargado que meditara sobre que el nº 1 es la unidad, el 2 la dualidad y que sin ambos no existiría el 3. (Obviamente, Plotino. ¿lo conocía el maestro, o sólo lo recitaba cómo algo que figura en el "memento" de instrucción de aprendices?). Pasados unos días, pregunté a ése aprendiz sobre la respuesta que había ofrecido a su maestro, y aquel me informó, que el tal maestro ni siquiera había hecho referencia al encargo. Patético.

Y esa es la tónica de las sesiones de enseñanza, te hablan sobre los más variopintos temas, con exposiciones simplistas y básicas, sin extraer ninguna conclusión válida, y ocurre que en la siguiente sesión vuelven a actuar igual con cualquier otro de sus temas (alquimia, cábala, hermetismo, etc. etc.). Obviamente, han de actuar así, porque en esos temas cabe cuanto se quiera decir, pues, todos ellos son hipótesis o leyendas que nunca han sido, ni podrán ser verificadas, es decir metafísica "pura y dura", para incautos y crédulos, que aceptan acríticamente cuanto les dicen, sin cuestionar semejante enseñanza, en la que los "maestros" masones, con su retórica huera,  fantasean sobre cosas y hechos inverosímiles.

Como todos sabemos, cuando se llega a los confines de la física, lo cómodo es utilizar la metafísica, disciplina que sólo requiere de una ágil dialéctica y retórica hueca, en contraposición a la ciencia que como todos sabemos, consiste en la observación de sucesos reproducibles. De ahí, que todo el discurso masónico se nutra de metafísica.

Cuando en el transcurso de esas sesiones, formulas alguna pregunta ligeramente incisiva, lo usual es que te remitan a textos publicados por distintos autores que han escrito sobre masonería, aún cuando también es frecuente, que te contesten con su más socorrido estribillo: "cuando llegues a maestro lo entenderás", que realmente quiere decir, que no tienen respuesta, o al menos que no la conocen, algo que nunca he escuchado que admitan.

Después de esas dos "memorables" sesiones de enseñanza, se limitaron a entregarnos unos apuntes sobre historia de la francmasonería y fotocopias de un texto, escrito por un argentino -no recuerdo el nombre- que se titula Manual del Aprendiz Masón. Texto, del que más adelante extraeré algunas "perlas" y por supuesto, digno también de un análisis.

Es decir, los "maestros masones" que hube de sufrir, actuaban como si los "aprendices" asistieran con la mente en blanco y, fueran recipientes pasivos de sus desvaríos metafísicos.

Después de todo ello, quedó meridianamente claro para el grupo de aprendices, que la pretensión de nuestros "instructores" era la de que memorizáramos mecánicamente las patrañas ilógicas que relataban o entregaban fotocopiadas.

Así es la "oralidad" y la instrucción masónica que realmente proporcionan; que por otra parte, es la única que pueden ofrecer, ya que no poseen ninguna otra, a pesar de cuanto proclaman.

En mi opinión, es absurdo seguir manteniendo que el "conocimiento masónico" se transmite por vía oral (así era en la Antigüedad, cuando no existía ningún otro medio para conservar la información), cuando en nuestros días, y según estadísticas recientes dicen que "se fabrican más microchips de memoria, que granos de arroz se cultivan en todo el mundo". Una evidencia más de la obsolescencia de la masonería.

Obviamente, todos (los 3 aprendices) percibimos que con nuestras preguntas, los "maestros instructores",  sintieron cuestionada su "autoridad" y, en masonería actuar mediante la razón no está permitido, ya que es obligado obedecer ciegamente a los "gurús" de la logia y, si comienzas cuestionando los "conocimientos de los maestros", obviamente también pondrás en tela de juicio a los citados "gurús", pecado de "lesa humanidad" en esa organización. 


Por todo ello,  si la enseñanza tiene sentido, y los que la imparten son verdaderamente  superiores en ése conocimiento (el que fuere), entonces se debe confiar en su enseñanza, en caso contrario NO.

Es decir, la masonería carece de recursos conceptuales y epistémicos, así como metodológicos y técnicos, para la trasmisión de conocimientos desde planteamientos ontológicos actuales, ya que los que utiliza son los mismos que se conocían en la época de su fundación, hace 300 años, por lo que no se adecúan de ninguna manera a nuestra actual sociedad; causa ésta quizás del escasísimo interés que despierta la masonería en nuestros días, como lo demuestra el corto número de sus miembros, dado  el continuo trasiego de entradas-salidas en una rueda permanente, ya que no consiguen fidelizar -utilizando el argot comercial- a sus "clientes".

Su obsolescencia como organización, es de tal calibre que desconocen -o al menos no las aplican- las modernas teorías sobre el aprendizaje -de cualquier disciplina-, en éste caso, su uso resultaría paradigmático, dada la peculiaridad de sus "alumnos" -personas maduras en su casi totalidad-. Una de esas teorías, de David Ausabel, en mi opinión, sería la que mejor les encajaría. El citado autor, en su libro "Psicología educativa", propugna como principio básico el siguiente: Si tuviéramos que reducir toda la psicología educativa a un solo principio, enunciaría este: el factor más importante que influye en el aprendizaje es lo que el alumno ya sabe. averígüese esto, y enséñese consecuentemente.




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Me autodenomino LIBREPENSADOR, ya que sigo el pensamiento de JOHN STUART MILL, cuando en su libro SOBRE LA LIBERTAD (1859)dice: SI TODA LA ESPECIE HUMANA NO TUVIERA MÁS QUE UNA OPINIÓN, Y SOLO UNA PERSONA TUVIERA LA OPINIÓN CONTRARIA, NO SERÍA MÁS JUSTO EL IMPONER SILENCIO A ESTA SOLA PERSONA, QUE SI ESTA SOLA PERSONA TRATARA DE IMPONÉRSELO A TODA LA HUMANIDAD, SUPONIENDO QUE ESTO FUERA POSIBLE.